¿Cómo marcha el desarrollo de la robótica en Cuba?

Pensar en robots desarrollados en Cuba bien podría parecer un sueño. Sin embargo, desde hace más de treinta años varios académicos e investigadores de la Isla se enfrentan a esa realidad. Primero comenzaron su labor como parte de grupos científicos o proyectos de postgrado, pero poco a poco se fueron articulando en un área esencial para el progreso de cualquier nación.

Uno de los puntos culminantes de esa historia ocurrió en noviembre de 2018, cuando especialistas del Universidad Tecnológica José Antonio Echeverría (CUJAE), la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV) y la Universidad de Oriente (UO) —las tres instituciones cubanas de educación superior donde se estudia la carrera de Ingeniería Automática—, así como de varias empresas dedicadas al desarrollo de tecnologías en el país, se unieron para darle forma al Grupo para el Desarrollo de la Robótica en Cuba.

Para el Dr. Luis Hernández, líder del proyecto que funciona en la UCLV, y una de las voces más autorizadas en el país para hablar de estos temas, el surgimiento de esta iniciativa significa un paso decisivo en el desarrollo de la robótica en el país.

—¿Cómo llega la robótica cubana al momento actual?

Lo primero que debemos decir es que la creación del grupo es el resultado de muchos años de trabajo de varios investigadores en el país. Nunca hemos tenido ausencia de científicos cubanos realizando aportes al desarrollo de la robótica en la nación.

En los años 90 tuvimos altibajos, pero nunca se dejaron de hacer cosas y tenemos resultados alentadores. Entonces, cuando a finales de 2018 la máxima dirección del país realizó el llamado para organizar mejor esta labor, encontró que nunca dejamos de investigar o producir. Ya teníamos un gran camino recorrido.

—¿Qué rol juega cada universidad como parte del proyecto?

Entre las funciones de una Casa de Altos Estudios está la formación de los recursos humanos. En ese sentido, todas están preparadas y se dan pasos alentadores hacia esa dirección.

Desde el punto de vista organizativo, y tomando en cuenta la experiencia de trabajo de cada una, elegimos dividir los roles de liderazgo. Así, por ejemplo, la CUJAE se encarga mayoritariamente de las investigaciones vinculadas a la robótica industrial. Mientras tanto, la Universidad de Oriente asume el desarrollo de la robótica para uso personal —fundamentalmente para la salud—, y la UCLV enfoca su trabajo hacia los robots vinculados a los servicios.

No obstante, esa segmentación no implica una postura excluyente. Cada universidad participa y aporta a las esferas de las otras. Solo así podemos conseguir un desarrollo integral.

—Una idea así siempre encuentra limitaciones…

Todo cambio tecnológico implica que los usuarios ganen conciencia sobre él. En Cuba ese constituye el reto más complicado y es necesario prestarle atención, porque no se trata de introducir una tecnología sin pensar en los cambios que va a significar para las personas.

En la UCLV tenemos una experiencia ganada y junto al desarrollo técnico llevamos un estudio desde las ciencias sociales. Si a un anciano, por ejemplo, se le habla de un equipo que le hará más llevadera su vejez, no puede verlo como un objeto desconocido. El progreso científico debe ir de la mano con la concientización sobre sus beneficios.

Junto a ello, otro desafío radica en lograr una relación más fluida entre el demandante y el generador de la tecnología. No puede suceder que una empresa asuma un modelo de gestión basado en la automatización y que de pronto los obreros no tengan ninguna importancia.

Finalmente, también necesitamos mayores vínculos con otras áreas del saber. Si no existe ese intercambio es muy difícil resolver desde la automática y la robótica un gran número de problemas.

—¿Qué rol juega el sector empresarial?

Aquí nos planteamos una idea esencial: cada proceso que automaticemos debe ser para mejorar la calidad de vida, no para crear otro problema. Entonces, a fin de cuentas las empresas son los receptores de la tecnología, quienes ponen dinero para invertir en ella, preparan a sus obreros, toman las decisiones y en definitiva la ponen en práctica y reciben sus beneficios.

—En la Cuba actual, cuánto puede realmente impactar el desarrollo de la robótica. ¿Hablamos de sueños o de realidades palpables?

El monitoreo de áreas, los estudios topográficos que lleva adelante Geocuba son posibles en gran medida gracias al empleo de drones, y esa es una realidad de la Cuba de hoy. Lo que sucedió luego del tornado que afectó a La Habana, con el análisis de los daños y la trayectoria  de los meteoros conocidos en menos de 48 horas también es un buen ejemplo. Son procesos que desde ya evidencian agilidad en el trabajo y adelanto en la toma de decisiones.

En Santa Clara, por ejemplo, funciona una planta de procesamiento de plástico que trabaja de manera automática las 24 horas. Podría tener mayores niveles de eficiencia, pero allí está y poco a poco va progresando. Entonces, aunque quedan insatisfacciones, sí podemos decir que no estamos en una Cuba arcaica. Existen fenómenos tecnológicos en desarrollo que merecen la atención.

En la robótica industrial estamos distantes del resto del mundo, pero eso es consecuencia de una industria que tiene limitaciones. En la producción de materiales de la construcción, otro de los temas priorizados del país, todavía queda mucha automática por hacer. No obstante, en sentido general, el país da pasos positivos.

—¿Cuáles son los pasos para los próximos meses? ¿Qué resultados concretos ya se pueden mostrar?

El principal desafío es concientizar a todos los usuarios sobre el valor de la robótica y la automatización. Hacia esa meta avanzamos y ya uno ve que existen muchas posiciones de entendimiento. Sobre los principales avances, tenemos muy avanzadas las técnicas de la agricultura de precisión, el procesamiento de imágenes y la utilización de software de mapeo, así como la implementación del piloto automático para vehículos autónomos.

No obstante, el resultado más próximo a extenderse es la solución de supervisión para máquinas de riego de pivote central. Esa innovación permite controlar desde un teléfono móvil los ciclos de riego de los sembrados, así como optimizar el gasto de agua y energía, humanizar el trabajo y elevar la planificación.

Ahora mismo se encuentra en espera de la evaluación de factibilidad y la definición de qué entidades están más capacitadas para utilizar esta tecnología. Tecnológicamente la propuesta está definida, ha sido probada experimentalmente y hasta ahora no debe sufrir ningún cambio. Estamos en el camino correcto y nos proponemos seguir creciendo.

Fuente: Cubadebate

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